Unos días raros

Hoy es un día raro, en el que me siento muy sola, y es raro porque hace siglos que no me sentía así. Pienso en dónde estará la gente, me los imagino cada uno con sus vidas y me siento aún más sola y más triste. Sé que sólo va a durar un día más, pero el miedo a quedarme así toda la vida se ha calado bien dentro.
Sé porqué estoy así, además de porque lo que más quiero no está es porque este mes está siendo raro. He visto en menos de 3 semanas al 99% de mis amigos y con la mayoría no tenía nada en común ya. Algunos llevaba años sin verlos, a otros meses, semanas y otros simplemente días, y con todos han sido situaciones muy raras, todos hemos cambiado. Cómo he podido ver a tanta gente en tan poco tiempo? septiembre reúne a la gente? eso no era Navidad?
Me he alegrado de ver a muchos y ojalá se repitieran momentos como estos.
Con otros me sentía como si no los conociera y me acabaran de presentar a un desconocido (hablas del tiempo, de lo mal que está el trabajo y el resto del tiempo te lo pasas pensando en qué decir para acabar con el silencio incómodo).
A otros no tenía ganas de verles, y ya sé que está mal, pero cuando una ya no lleva el mismo rollo que sus amigos se provoca una situación tensa, tu te aburres, ellos disfrutan, tu te quieres ir, ellos no te dejan marchar, tu aguantas un rato más mientras aumenta el cabreo en tu interior (por qué no podré hacer lo que me da la gana igual que ellos están haciendo?) hasta que después de una eternidad consigues escaparte.
En algunos momentos me sentía ignorada. Digo algo gracioso y nadie dice nada, pero el que está al lado lo repite y todos ríen. Saco un tema de conversación pero nadie me sigue. Me paso el rato hablando por teléfono y nadie me dice que lo deje y me una a ellos.
Los mejores momentos son en los que me han hecho sentir querida, no importaba si me ignoraban, si yo me aburría y me quería ir, si no tenía de qué hablar… pero siempre hay algun detalle bonito que te hace sentir bien, que notas que te aprecian y demuestran amistad.
Y con todos tenía ganas de cogerlos por el cuello de la camisa y decirles “vamos a hablar tu y yo como hacíamos antes. Dejémonos de tonterías, de estar divagando, de sacar temas absurdos, de tener una conversación simultánea con 10 personas en la que no te enteras de nada, vamos a dejarnos de discotecas y pubs y vayamos a un sitio donde nos oigamos… vamos a contarnos ya nuestra vida y nuestras impresiones antes de que seamos otra vez desconocidos”
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